
Era la noche del sábado 27 de febrero de 2010, a eso de las 20 horas, aquí en Fukuoka, Japón. Había escuchado durante la tarde comentarios acerca de un terremoto ocurrido en Okinawa, no muy lejos de estos lares. No bien accedí con mi computadora a mis habituales sitios web, recibí un aviso de parte de mi compañero el rumano Ciprian Veres. Me preguntó si sabía lo del temblor en Concepción, Chile. Inmediatamente intenté acceder a páginas de diarios online y me fuí anoticiando de los sucesos, no todo lo rápido que hubiera deseado porque la conexión a internet no estaba en su mejor forma.
... Lo primero que sentí fue angustia por Lorena, por su hijo Diego y por su familia...
Pude conversar con Anne Pelletier en Quebec; por Facebook advertí que ella estaba al tanto de los acontecimientos, porque tiene conocidos viviendo en Concepción. Hice contacto minutos después y también por Facebook con mi prima Pina, que se encuentra con su marido y sus hijos en la ciudad rionegrina de Cipoletti, y me dijo que se sintieron temblores, pero que estaban todos bien. Acto seguido quise comunicarme con mi hermana Carmen en Buenos Aires para hacerle saber que yo me encontraba en buena salud. A causa de la antedicha mala conexión tuve dificultades para hablar por teléfono vía skype; y al advertir tales problemas Carmen conectó el skype de su pc, y así pudimos vernos y conversar por un buen rato respecto de los sacudones telúricos en Japón y Chile. Otra vez usé Facebook para enviar sendos mensajes a Lorena y a su hermana Ximena para que cuando les fuera posible me hicieran saber de como iban las cosas. En ese ínterin también procuraba telefonear a la casa y al celular de Lorena en Santiago. Por supuesto que yo no tenía la pretensión de comunicarme ipso facto, y sabía que la cosa no iba a resultar sencilla. Se fueron sucediendo las horas de aquella noche de sábado: tras varios intentos infructuosos, respiré profundamente, interrumpí la persistencia en las llamadas, me dí una ducha, comí luego una naranja, volví a la compu y me puse a buscar más información, mientras insistía con los llamados que no se concretaban. Y fue así que pasadas las 2 y media de la madrugada del domingo 28 pude establecer el contacto telefónico con la casa de Lorena. Me puso al tanto de como habían vivido ese sismo que los sacudió en esa madrugada de sábado. Contó que aún no sabe como se despertó, tomó a su hijo en brazos y de puro impulso se dirigió hacia el patio de la casa. Según sus propias palabras intentaba caminar y se le hacía muy difícil, puesto que parecía que se quedaba siempre en el mismo sitio a cada intento por causa de los temblores. Eran en Santiago las 14:50 del sábado 27 y seguían sin electricidad en la casa. Conversamos por algo más de 20 minutos, y mi angustia fue mutando afortunadamente en somnolencia, y dejamos la charla cuando ella debía irse a almorzar con su familia.
... Mi nivel de preocupación disminuyó: las personas que yo conozco en Santiago se encuentran bien...
Desperté el domingo a eso de las 9 de la mañana; mientras preparaba mi café con leche, seguía buscando información en internet. La cifra de personas fallecidas había ya ascendido a 214. Se escuchaban comentarios en diversas radios y canales de tv online que intentaban llevar tranquilidad, argumentando que eran pocos los infortunados si se consideraba la magnitud de 8.8 en la escala de Richter del movimiento en cuestión; como si con eso se mitigara el dolor ocasionado por la pérdida de esas vidas humanas en esta tragedia. Salí del cuarto de hotel hacia el autobús que nos lleva al lugar de trabajo; subí y David Figlioli me preguntó si había podido hablar con alguien en Argentina o en Chile. Le conté de mi charla con Lorena, y el me comentó que Michel Conceiçao quiso comunicarse anoche con Maurice, quien se encuentra en Viña Del Mar, y no había podido hacerlo.
Tres minutos después subió Michel y nos contó que finalmente habló por teléfono con Maurice hacía unos instantes, y que el y los suyos estaban bien.
... Cierto, a Maurice también lo conozco... y está en Chile... en salud gracias a Dios... buenas noticias de los conocidos...
Me encuentro en mi ámbito de trabajo, y me resulta imposible alejar mi ánimo de esta tragedia. En internet ya se habla de 700 muertos. Me detengo atentamente a observar la actitud de todos mis compañeros de trabajo, y veo lo ajenos que les resultan estos hechos, y eso me produce indignación. Anunciaron un alerta de tsunami para el día de hoy en las costas de Japón, y todos por aquí haciendo sus labores como de costumbre, sin siquiera atender un segundo a todas estas manifestaciones del planeta, lo cual me indigna mucho más. La tierra está tirando la bronca una vez más, y nosotros que seguimos haciéndonos los boludos como el perro que volteó la olla.
... Internet avispó mi perezosa memoria... subitamente recordé a Helena de Concepción... o Ivory... o como se haga llamar en su messenger...
Es como si se quedaran viendo la copa de cristal posada sobre el filo de la mesa, debatiendose entre el equilibrio y la fuerza de gravedad... esperando que ese conflicto se desenlace convertido en añicos cristalinos esparcidos por el suelo y así, a renglón seguido, aprovechar la ocasión para expresar sus prefabricadas lamentaciones... y es exactamente esa observación la que me coloca en contradicción conmigo mismo, dado que hace poco tiempo se produjo un fenómeno de las mismas características y de una menor intensidad en el país caribeño que lleva por nombre Haití; y si voy un poco más atrás en el tiempo (no tanto), en abril del año pasado en L'Acquila, en el Abruzzo italiano, otro terremoto un poco menos intenso aún según don Richter.
... ¿Qué será de esa "gaia"?... digo Helena, o Ivory... ¿Estaría en casa o andaría de carrete?... Tal vez pudo encontrar un refugio...
Pero yo reaccioné a esos hechos de manera palmariamente diversa. Ojos que no ven, corazón que no siente. De Haití conozco sólo a algunos hombres que en busca de un mejor sueño se emplearon como taxistas en Montreal, y que de a poco se fueron trayendo consigo a sus familiares. Siempre me pareció injusto el sufrimiento de la gente de Haití, país (se dice) hundido en "su" corrupción y "su" pobreza. Duele cuando los acusan de "corrupción endógena irremediable"; justamente aquellos acusadores son los que los sumergen y se llevan todas las tajadas de ese jamón. (¿Buenos Aires queda cerca de Puerto Principe?). L'Acquila apareció ante mi consideración por aquel terremoto de abril de 2009, y Mauro Mozzani, Valentina D'Antonio y Cristina Accorsi me fueron dando las noticias conforme iban sucediendo. Inclusive el mismo Mauro me contaba de sus planes para ayudar a las víctimas del sismo.
¿Y cómo no indignarse y sentir dolor ante esas no tan casuales dejadeces planificadas, que llegan combinadas con tales fatalidades planetarias a modo de cierta, lógica y casi esperable respuesta?
... Los afectos me queman la piel hoy en día... Lorena y su familia están salvos... Maurice parece que anda bien... y no puedo dejar de acordarme de Ivory (o Helena, o como se llame) y su devastada Concepción...

