sábado 15 de marzo de 2008

EL LÁSER, LA RETINA Y LA REP...

Había visto ya a la doctora Flaxel el jueves por la mañana, y la cosa era que en la mañana del viernes se iban a hacer el tratamiento con láser y todas esas cuestiones. Jueves unos minutos antees de las 8 de la noche; preparativos para un nuevo show. Hora de maquillarse, y al momento de vestir el parche para proteger el ojo derecho de las altas luces de escena, otra vez las molestias púrpuras y gelatinosas provocadas por la debilidad de la bendita retina desprendida. De apenas una manchita roja en el rincón superior izquierdo a una especie de burbuja informe y gelatinosa que cubría casi la mitad del ojo. Comencé el espectáculo con un sentimiento amargo de tristeza, sufrimiento y frustración. Pensaba que ya el camino de recuperación estaba bien avanzado ya que duele encontrarse con ciertas piedras en el camino como ésta de la que hablo ahora. En el entreacto intenté comunicarme con el servicio de urgencia del Casey Eye Institute (dependiente de la ayer citada OHSU) para darle a conocer a la doctora Flaxel las últimas y no tan buenas noticias; dejé primero un mensaje grabado y luego conecté con una de las asistentes del servicio explicándole la situación. Pocos minutos después recibí un llamado del (ahora confirmado descendiente de indios de la india) doctor G. Atma Vemulakonda, quien al enterarse de mi situación me citó para verlo en el hospital esa misma noche luego del show, como a las 11 de la noche. Pude llegar gracias a Robert Stemmons y su mujer Pauline quienes, con gestos de preocupación, me llevaron en su camioneta.
El doctor Vemulakonda se dispuso con los chequeos sobre mi ojo, y pudo advertir ciertas mejorías en el funcionamiento y focalización de mi ojo derecho, pero lamentablemente también encontró que aquellas molestias gelatinosas de color púrpura se trataban de la presencia de un fluído dentro del ojo que estaba volviendo a producir desprendimiento de la retina. Me dijo que en la mañana del viernes el se iba a poner en contacto con la doctora Flaxel para ponerla al corriente, y que posiblemente yo recibiría una llamada telefónica de su parte para coordinar la hora en que yo debía ir al Casey Eye Institute. Era ya cerca de la medianoche, y el doctor Vemulakonda se ofreció gentilmente a llevarme de regreso, situación en la cual pude comprobar sus orígenes familiares mientras charlábamos en el camino.
Mañana del viernes a las 8 de la mañana, sonó mi celular y era el doctor Vemulakonda diciendo que me esperaban allí a las 11, como había quedado en un principio. Me recibió el doctor Scott Witherspoon, quien volvió a examinarme, y luego llegó la doctora Flaxel y me revisó de nuevo; luego ellos se apartaron un momento a conversar e intercambiar opiniones, y regresó el doctor Witherspoon diciéndome que la decisión que habían tomado era de volver a cirugía, que iba a ser menos dolorosa, y me aclaró ciertos riesgos que conlleva esa clase de intervención. Hice una llamada telefónica a la fisioterapeuta del circo Michelle Sinclair, pero me atendió el contestador y le dejé un mensaje. Luego llamé al Director Artístico Gerard Theoret, y le dije como estaban yendo las cosas y que era lo que habían decidido los doctores. Luego hablé con mi hermana Carmen y con mi novia Lorena. Apagué el celular. Esperé allí donde están los silloncitos en el sexto piso. Era ya la 1 de la tarde del viernes. Salió la enfermera y me llamó. Preparativos para la cirugía: desvestirse y ponerse la bata, suero, anestesia, preguntas de rutina y esas cosas. Entre esas preguntas, la enfermera quiso saber quien era la persona que habría de venir a buscarme luego de la operación. Volví a encender el celular acudiendo a Staci Galutia (encargada de la sección Tour Services) quien muy gentilmente se hizo cargo afortunadamente de la situación. Apagué el celular, y a la sala de operaciones. Mi estado anímico variaba de bronca a aceptación, a nervios, a tranquilidad, etcétera etcétera. La anestesia estaba haciendo su efecto, mi respiración se fue tranquilizando y profundizando. Los doctores Flaxel y Witherspoon pusieron manos en el asunto. Mi ojo veía indescifrables siluetas. Promediando la cirugía sentí ciertos dolores en el párpado inferior del ojo derecho, y ante mis quejidos me dieron más anestesia. La cirugía llegó a su término en una hora y media aproximadamente. Salí de la sala llevado en camilla, y al poco rato ya mi ojo sentía mucho dolor, ante lo cual me dieron dos pastillas de oxycodone y en diez minutos el dolor fue disminuyendo. Ya estaba Staci lista para llevarme al apartamento. La doctora Flaxel me dió las instrucciones para verla mañana sábado a las 9. Le pedí que redactara un informe explicando lo sucedido para presentar al circo; se retiró y luego vino el doctor Witherspoon diciendo que la operación se había hecho bien, y allí me dejó el reporte firmado por la doctora. Staci me llevó de vuelta, le entregué a ella el reporte y me dejó en la puerta del edificio.
Aquí me encuentro ahora, de reposo otra vez, con algo de molestia en el ojo, poniendome en contacto con mis afectos y sintiéndolos bien cerca. Hasta Mauro Mozzani y Helena Saldanha me llamaron por teléfono desde Italia cuando regresé, si bien sin conocer mi situación concientemente, pero el alma no conoce de impedimentos ni limitaciones aparentes como para encontrarse con las personas que se quieren. Esta noche dormiré recostado sobre mi lado izquierdo. Faltan 2 horas y 45 minutos para una nueva dosis del oxycodone. Toda mi energía puesta en esta nueva recuperación.