De Vancouver yo me fuí por un ratito a visitar a Lorena a Santiago de Chile, y luego de una semana volé de nuevo a Canadá, esta vez rumbo a Calgary y esquivando las emanaciones sulfurosas de un volcán de allí por Ecuador. Aún se matan de la risa en el circo por lo ingenioso e inédito de la explicación de las razones que justificaron mi demora. Ahora me encuentro a dos semanas del cierre de nuestras funciones por esta ciudad.
Pasaron algo más de seis meses de mis operaciones por el desprendimiento de retina en el ojo derecho. En Seattle visité a un oftalmólogo que me fue referido por la doctora Flaxel y sus ad láteres; habían pasado tres meses de las cirugías. Ese especialista me dijo que dentro de otros tres meses visitara a un colega suyo para mantener un control adecuado. Y esa visita tuvo su lugar en la tarde de hoy; me examinó los ojos sin lentes de contacto y con lentes de contacto puestos, y me expidió una prescripción tanto para lentes de contacto como para anteojos, que eso precisamente era lo que yo quería... tener unas gafas adecuadas para descansar un poco de tanto cosito gelatinoso sobre mis ojos. El óptico a quien se las encargué me prometió que para el próximo jueves estarán listas (las gafas).
Como para haber regresado luego de tanto tiempo, este resumen no está tan mal. Y para que no tiren la bronca por la ausencia de fotos del agua y las montañas de Vancouver, va esta simple y sencillita postal de la vista de un atardecer desde la ventana del piso 22 en la que me hospedo aquí en éste hotel de Calgary.
Abúr.
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